Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida. Y resulta aún más maravilloso para aquéllas personas que han vivido encerradas aisladas, sin amor. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez su carácter milagroso, hasta que su antagonismo sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que puede quedar de la excitación inicial.Fragmento: Erich From, El arte de amar.
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