jueves, 21 de junio de 2012

La niña mala

Esta tarde le he dado una bofetada a Mario, de esas que dejan pecas de sangre, y el muy bocazas ha corrido a las faldas de nuestra madre para quejarse. Mamá lo ha mirado horrorizada, con los ojos lagrimosos, y le ha propinado una cachetada más fuerte.

"No vuelvas a decir eso. ¡Nunca!"

Mario se ha quedado perplejo, las lagrimas se detienen en sus ojitos de pescado y su boca forma una enorme "O", de donde no salen las palabras.

Después mamá le ha cargado en brazos, le besa la frente y lo lleva a la cocina donde le sirve una enorme rebanada de pastel. Mi pastel de cumpleaños. Yo camino detrás de ellos, silenciosa. A mi no me ha dado nada.

Apenas hace unos días estábamos felices por mi fiesta, mamá hablaba animadamente sobre los arreglos y yo decidía el color del pastel. Entonces el estúpido de Mario apareció en la cocina con el dedo chorreando sangre, levantando la mano para que mamá y yo pudieramos verlo bien. Odio la sangre. Mamá me obligó a subir por el botiquín, pero el tonto de Mario dejó uno de sus carritos al borde de la escalera y resbalé desde el segundo piso. Por eso tardé en llevarle el botiquín. Por eso creo que está ella enojada conmigo.


Es así desde hace una semana. Me trata como si no existiera, como si no tuviera otra hija además del estúpido Mario. Y esto a él le ha encantado porque de pronto le cumple todos sus caprichos. Y yo lo odio. Lo odio mucho.

Mario me sonríe por encima de la mesa, me he quedado parada al lado de una silla, dejando ver los huecos que dejaron sus dientes recién mudados. Me da tanto asco.

Si pudiera hacerlo desaparecer...

Mamá toma la silla junto a mi, no pide que me aparte, y se sienta a observar como Mario devora el postre.

"Mamá, ¿me sirves un poco?"

Mario me mira, mira a mamá. No hay respuesta. Me retiro rápidamente. Quiero llorar, pero no lo haré porque soy una niña fuerte. Salgo de la casa y cruzo el patio para llegar hasta esa horrible caja de madera donde mamá me obligan a dormir desde hace una semana, adentro está oscuro. Le tengo miedo a la oscuridad. Por eso haré que Mario venga conmigo, así mamá tendrá que amarnos a los dos.

miércoles, 20 de junio de 2012

Fin

No sé si mi destino siempre es escapar y alejarme como los cobardes o, ¿será acaso que uno termina acostumbrándose a los finales no felices? No lo sé, pero entre más lejos me voy, más de cerca visitas mis pensamientos. Y es que, ¿cómo huyes de un recuerdo?

¡Cómo cuesta pronunciar un adiós! Cómo cuesta abandonar una historia que al principio parecía ser la más prometedora de todas las historias. ¿Cómo escribirnos un fin? Hay puentes que se rompen y dejan de unir ciudades. Al parecer eso nos pasó a ti y a mí.

Nos cuesta dejar ir, dejar de hablar, dejar de contestar llamadas y mensajes, matar esa curiosidad de querer saber cómo está, si aún respira o si al final murió, si es feliz o si le va mal. Y es que no hay un protocolo para eso. Por momentos, crees que todo está perdido, pero después te das cuenta de que el Universo no te ha olvidado y te tiende una mano y llega el día en que te da igual si su carota acaba de iniciar sesión, si te saluda o decide ingorarte. Un día, sin saber cómo, deja de doler, porque dejas de vivir al pendiente del otro y comienzas a vivir al pendiente de ti, y es entonces cuando entendemos lo que quiere decir poner fin, cerrar el telón y seguir viviendo.

[...De mi padre aprendí que dejar ir, no es otra cosa mas que soltar con amor...]
@crayoliiita




Porque va a pasar, como todo pasa... Fin.

domingo, 17 de junio de 2012

Casida de la tentadora, Jaime Sabines



Todos te desean pero ninguno te ama. 
Nadie puede quererte, serpiente, 
porque no tienes amor, 
porque estás seca como la paja seca 
y no das fruto. 
Tienes el alma como la piel de los viejos. 
Resígnate. No puedes hacer más 
sino encender las manos de los hombres 
y seducirlos con las promesas de tu cuerpo. 
Alégrate. En esa profesión del deseo 
nadie como tú para simular inocencia 
y para hechizar con tus ojos inmensos.