Descubrí hoy que la mentira es mi vocación.
No importa cuán mal me sienta al respecto de las palabras que salen por mis dedos, la justa entonación con la que enfatizo una historia inventada o el hecho de que miento desconsideradamente y sin reservas; al final la mentira me fluye por los poros, por la boca y por los ojos, se me escapa. No me puedo controlar. Miento una vez, y miento otras más para cubrir la primera, pulirla, mostrarla. Se me escapa de control y sin embargo, la continúo perfectamente sin final. Una mentira eterna, de la cual derivan las demás.
¿Cómo sabrás lo que es verdad, y lo que no lo es, cuando leas esto?
¿Eres tú. o el otro?
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